A la playa viene a diario un Pintor que siempre pinta el mismo cuadro y en su cuadro el horizonte está cada día más cerca.
"El pasado es un elástico que se estira y el porvenir un elástico que se aproxima", le sugirió una vez a una ostra atenta.
Y durante algunos periodos la playa es tropical y cuando llueve torrencialmente a veces yo busco una de las grutas y en una de ellas hay una mesa y un reloj de arena y una máquina de escribir con un folio inserto.
La cintura del reloj me recuerda a ti.
En el folio hay escrita una frase: "Al final esta historia no será como la había pensado".
Me recuerda a aquella pareja que habitó la playa. Él se levantaba muy temprano para salir a la faena y escribía para ella una frase en la orilla. Cuando ella despertaba la marea había borrado la frase. Ella nunca conoció la frase y él nunca descubrió que ella tenía amantes. Él llegaba por la noche con los brazos cansados y ella le había hecho un perfume marino. Todo el día haciendo el perfume. Pero tan cansado llegaba él que cuando se destapaba el frasco ya se había dormido.
Y durante algunos periodos la playa es mediterránea y me quedo toda la noche al raso con la esperanza de que al contemplar el amanecer el horizonte no se habrá aproximado.
En una de esas fases mediterráneas se instaló en la playa un biólogo que era partidario de la propiedad conmutativa. Y usó las propiedades de las estrellas de mar, que regeneran los brazos que pierden, para dar cura a las aletas de los delfines que se lesionan con las redes de los marineros. Y se corrió la voz y todos los delfines querían venir a curarse a la playa. Entonces el biólogo partidario de la propiedad conmutativa pensó la conveniencia de hacer un gran faro-reclamo que indicara el lugar de la playa. Para construir semejante luz se le ocurrió recurrir a las propiedades fosforescentes de las medusas.
"La luz de mi faro-reclamo se divisará desde más allá del horizonte".
Y acudió a buscarlas y tan fascinado quedó con la fluorescencia de un ejemplar de brillantez añil que fue rozado en el pecho y ello le hirió de muerte el corazón porque la belleza sublime tiene estas cosas.
Y en ocasiones la playa tiene inviernos nórdicos en los que el sol no sale. A uno de ellos llegó una estudiante con insomnio convencida de que la oscuridad permanente sanaría su problema. Con paciencia acumuló esponjas marinas para fabricar un lecho sin techo y se tumbó y cuando había decidido que podría cerrar los ojos descubrió que uniendo estrellas podía dibujar el laberinto que la sacaría del insomnio. Pero era una trampa del Cielo, que quería retenerla en aquella noche parada, y el laberinto se complicó tanto que la estudiante quedó ciega al prender la vista en un meteorito y entonces sí pudo dormir.
Y cuando recuerdo todas estas cosas decido escribir. Y voy a la gruta e intento quitar el folio de la máquina con cuidado para hacer mi propia Historia. Y entonces siempre me pasa que la tinta de la frase del folio se desparrama por la gruta y tengo miedo y tengo que agarrarme al reloj de arena.
Y le cojo de la cintura.
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