jueves, 18 de abril de 2013

Las dudas

No sé qué hacer y el presente es todo lo que cuenta.

Cuando era totalmente niño mi padre era marinero, o quizás pescador, y pasaba largas temporadas en el mar y escaso tiempo en el pueblo. Cada vez que venía traía un regalo exótico para mí hasta que una vez en lugar del presente me dio dinero. Ésa fue la primera vez que no supe qué hacer.

Consideré comprar una mascota, acaso un centollo, pero descubrí que me resultaría difícil cuidarlo. Pensé en comerme un cartucho de burgados con su correspondiente alfiler para sacarlos y todo el sabor del mar encapsulado pero me nació el inconveniente de que después de comer no me quedaría adquisición. Contemplé invitar a alguien a una horchata pero me surgió la duda de que eso molestaría a otro alguien y podría perder una amistad.

Y así pasé el sábado, dando vueltas por las calles del pueblo y sin saber qué hacer. Justo cuando llamaba la Aurora, que era la señora que me cuidaba, me cegó el reflejo de un ancla dorada que colgaba del cuello de la única dependienta de la única tienda del pueblo. Le pregunté si me la vendía y descubrí dos cosas: que me la vendía y que se me daría bien conseguir lo que pidiera.

Así que volví con mi ancla y de inmediato se la ofrecí a mi padre.

-"Con un ancla te quedarás aquí anclado".

Ése fue el primer plan de mi Vida.

Él la cogió y seguro que dijo algo. Pero al poco tuvo que marchar. Y se olvidó del ancla. Entonces yo me enfadé y busqué un lugar en la playa y allí la enterré junto al dinero que me había sobrado.

Y hoy no sé qué hacer. Podría conducir hacia el este, donde hay Otro Pueblo donde las señoras me conocen y aún me llaman "niño". Podría dirigirme al norte, donde no se beben Gin Tonics y la fideua es con alioli. Podría ir a la siguiente cala, donde las Musas ocupan las terrazas y sus miradas me servirían para confeccionar un poemario. Podría escribirte una carta y lanzarla en una botella azul porque aunque sin Fe sí creo en el Destino. Podría navegar hacia el sur, pero entonces mi playa dejaría de ser el Sur. Podría dormir para poder hacer una hoguera de noche pero entonces soñaría contigo y eso me da miedo de mí mismo. Podría convocar a alguien pero eso siempre acaba en desastre. Podría planificar mi semana pero entonces no cuajará nada de lo que planifique. Podría pescar un atún y devolverlo al Mar pero entonces le contaría a los demás mi secreto para pescar atunes.

Cuando no sé qué hacer siempre es igual y al final acudo a mi lugar en la playa y saco el ancla.

Entonces me pongo triste y escribo este texto.





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