En la playa hay cuatro temperamentos y uno es el de invierno.
En un temperamento de invierno llevé a la playa mi alma especulativa para ponerla frente al espejo de la orilla. En el espejo divisé una línea y no supe ver si era una grieta del agua o una cicatriz en mi mejilla de aquella herida que me hizo tu primer beso.
También vi el cabello deshilachado sobre mi frente, o acaso eran algas en el agua, y entre esa maraña se agitaba una tribu de remordimientos. Y chillaban y no sé si el chillido era la espuma de las olas que rompían o los ecos de las noches que no dormí.
Y en la orilla vi reflejados mis ojos que reflejaban la orilla en la que se reflejaban mis ojos. En el fondo de esa imagen intuí la cirugía del silencio y preferí parpadear para que el agua perdiera su turbiedad.
Y en la superficie de esa competición de espejos refulgían los momentos sentidos y no supe si aquello era el reflejo del sol o el brillo poderoso que una vez, aquella vez, le extrajiste a mi alma.
Entonces el mar se llenó de lágrimas y comprendí por qué es salado.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)

1 comentario:
Q bonito, Sir Percy…
Publicar un comentario